miércoles, 5 de septiembre de 2007

Sopa bullavesa y zinnias para una cena con cualquier buen libro



INGREDIENTES: · 1 Kg de pescado, preferiblemente de roca, pero cualquier pescado que no se deshaga al cocerlo puede servir. · 1 cebolla. · 4 tomates sin piel ni pepitas. · el tallo blanco de un ajo puerro. · perejil. · 5 o 6 cucharadas de aceite de oliva. · una pizca de apio. · 3 dientes de ajo. · una pizca de corteza de naranja. · hinojo. · 1 hoja de laurel. · 1 vaso de vino blanco. · según lo grandes que sean una o dos patatas. · 1 cucharadita de pimentón. · unas briznas de azafrán. · sal y pimienta al gusto.

PREPARACIÓN:
Limpiar bien y cortar a trozos el pescado. Rehogar en una cazuela con el aceite la cebolla, los ajos, los tomates, el apio, el puerro, el perejil, la corteza de naranja, el hinojo , la sal, la pimienta y el laurel. Seguidamente añadimos el pescado y lo dejamos al fuego durante unos 2 o 3 minutos. Después cubrimos todo de agua, añadimos el vino blanco y removemos bien. Lo dejamos cocer todo a fuego medio durante unos 20 minutos. Cinco minutos antes, le añadimos el azafrán y le damos el punto de sal. Se puede servir tal cual, pero en Marsella lo que hacen es servir el pescado aparte en una bandeja. Además, pasan por un pasa puré el resto para comérselo como si fuera una sopa. En un plato de sopa ponen una o dos rebanadas de pan, cubren de sopa, un poquito de perejil picado por encima y luego cada uno se añade el pescado que quiera.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Buscando un sitio para precipitarse en grupo

No nosotras, claro, sino nuestros erráticos suicidas finlandeses.

El Cabo Norte (Noruega), el punto más al norte de Europa:

domingo, 29 de julio de 2007

Lecturas veraniegas

Nos vamos de vacaciones. Descansaremos durante el mes de agosto de nuestras reuniones semanales pero no por ello descansaremos de la lectura. Así que, además de los libros que cada cual quiera meter en su maleta para estas vacaciones, tenemos unas lecturas "recomendadas" sobre las que debatiremos en nuestro Club a partir de septiembre.

Hemos seleccionado dos títulos que se pueden calificar como "de lectura ligera", sin más pretensión que la de entretenernos en nuestros ratos de ocio y hacernos olvidar un poco la canícula. Se trata de "Delicioso suicidio en grupo" de Arto Paasilinna y "Cena con Ana Karenina" de Gloria Goldreich.

Dice la reseña oficial del primero:
Miles de finlandeses se lanzan cada año por un precipicio o inhalan dióxido de carbono del tubo de escape. Precisamente el día de San Juan, la fiesta de principios del verano, Onni Rellonen, un empresario en crisis, decide poner fin a su vida. Pero apenas ha encontrado un granero apartado, unos ruidos lo detienen. Onni salva a otro visitante del granero, el coronel Kemppainen, un viudo que había decidido matarse ese mismo día. Ambos renuncian al común propósito y empiezan a charlar sobre los motivos que les impulsaban. Toman una sauna, beben coñac y empiezan a tutearse, hasta que se rinden ante la evidencia: existe un gran número de candidatos al suicidio. Nace así una larga amistad y la idea de fundar una asociación de aspirantes a suicida. Así, treinta y tres compañeros deciden partir, en un flamante autocar, en busca de un suicidio colectivo digno: cruzarán Europa hasta encontrar el mejor acantilado desde el que lanzarse deliciosamente al vacío.


En la página publicitaria de "Cena con Ana Karenina" su argumento se resume así:
"Y lo peor de todo es que no puedo abandonarlo: están los niños, y tengo obligaciones. Sin embargo, no puedo vivir con él..." Estas palabras pronunciadas por Ana Karenina enseguida cobran sentido para las mujeres que se han congregado en torno a una buena cena y un buen vino para celebrar la primera reunión del año de su club de lectura. Ni del todo amigas, ni del todo extrañas, a todas les une su gran amor por la literatura y los libros. Esa noche, sin embargo, les sorprende profundamente la noticia de que Cynthia, la más envidiada y privilegiada del grupo, anuncia que va a divorciarse de su perfecto marido por motivos que no puede ni quiere revelar. El hecho de que su idílico matrimonio resulte tan vulnerable deja perplejas a las otras mujeres y las lleva a hacer conjeturas sobre lo que ocurrió, pero sobre todo empiezan a replantearse sus propias relaciones de pareja y, en consecuencia, muchas cosas de sus vidas. A lo largo de un año, a través de sus reuniones y sus conversaciones sobre las obras de Tolstoi, Nabokov, Flaubert y Plath, las seis mujeres revelan sus sueños, exteriorizan sus problemas y las verdades que llevan tiempo escondiendo, y al hacerlo tratan de reunir el valor necesario para pasar página en sus vidas.


Esperamos disfrutar de estas lecturas y contároslo a la vuelta de nuestras vacaciones.


domingo, 15 de julio de 2007

Casa Tomada - Cortázar

Corto basado en "La Casa Tomada" de Julio Cortázar

Simbología de la "Casa Tomada"

Como ya habíamos anunciado, comentamos en nuestra última sesión los relatos: "La Casa Tomada" de Julio Cortazar y "La caída de la Casa Usher" de Edgar Alan Poe (trad. Julio Cortazar).
Uno de los puntos importantes del debate fue la simbología de la "casa tomada", a este respecto el propio Julio Cortazar en una entrevista, declaraba:

"Mi interpretación de ese cuento te la puedo decir y ha sido dicho ya en otras entrevistas, es el resultado de una pesadilla. Yo soñé ese cuento, solo que no estaban los hermanos. Había una sola persona que era yo y algo que no se podía identificar me desplazaba poco a poco a lo largo de las habitaciones de una casa, hasta echarme a la calle. Es decir que había esa sensación que tienes en las pesadillas de que es el espanto total, sin que nada se defina, es el miedo en estado puro, algo espantoso va a suceder un segundo después y a veces por suerte te despiertas, casi siempre te despiertas antes de que eso se produzca. Bueno, en ese caso era lo mismo. Había una cosa espantosa que avanzaba indefinible, se traducía por ruidos. Una sensación de amenaza que avanzaban así, entonces yo me iba creando barricadas, hasta que la última puerta era la de la calle y en ese momento me desperté, antes de salir a la calle. Me desperté. Y me acuerdo muy bien que inmediatamente me fui a la máquina de escribir, escribí el cuento de una sentada. Osea que esa es mi lectura del cuento, a ver esa interpretación de que quizá yo estaba traduciendo mi reacción como argentino frente a lo que sucedía en la política no se puede excluir, porque es perfectamente posible que yo haya tenido esa sensación que en la pesadilla se tradujo de una manera fantástica, de una manera simbólica. En realidad cualquier análisis psicoanalítico de nuestros sueños te demuestran que ese terrible león es tu tía Juanita, ¿no es cierto?, y que el gato es tu hermana… se crea toda una simbología de sustituciones, el sueño sustituye una cosa por otra, te lanza a un mundo de símbolos, y bueno hacía falta Freud para explicarlos y los que han venido después. Entonces, a mí me parece válido como posible explicación. No es la mía."

viernes, 13 de julio de 2007

Reseña de "El Palacio de la Luna"

Inma ha publicado una reseña sobre El Palacio de la Luna en "leergratis.com":
Esta novela de Paul Auster, publicada en Nueva York en 1989, tiene como tema central el descubrimiento, en este caso, el descubrimiento de la propia persona. Marco Stanley Fogg es un joven estadounidense que inicia el relato de su vida, justamente, el verano en el que hombre pisó por primera vez la luna.

Y es la luna la que inunda toda su vida, entorno a ella se va a ir moviendo por parte de la geografía de su país y, al mismo tiempo, por su propia geografía.

Para leer toda la reseña, pulsar aquí.

jueves, 12 de julio de 2007

Relatos para un instante

En nuestra sesión de ayer contamos con la visita de una invitada de honor: Carmen Orán, bibliotecónoma, animadora cultural, escritora y, sobre todo, amante de la literatura, de los libros y de la fantasía.
Nos ha obsequiado con su libro Relatos para un instante y nos ha invitado a reunirnos en su casa para comentarlo ampliamente en nuestra próxima sesión.
Aceptamos gustosamente su propuesta e incorporamos este libro en nuestro "repertorio" estival.

martes, 10 de julio de 2007

Cuentos para una tarde de verano

Se aproxima el fin del año académico. El calor y el sol son ya los invitados "forzosos" de nuestras reuniones. Algunas de nosotras piensa ya en sus vacaciones. Es tiempo pues para ir "aligerando" nuestros "deberes" e ir preparándonos para la despedida de esta primera temporada de actividades de nuestro club.
Es por eso que hemos decidido, una vez terminada la lectura y comentario de la novela de Paul Auster, no abordar un nuevo libro que podría merecer más tiempo del que ya disponemos. La opción elegida ha sido entonces seleccionar algunos relatos que iremos leyendo y comentando en nuestras sesiones semanales.
Serán relatos de diferentes autores, épocas y estilos.
Para la próxima sesión la cita será ni más ni menos que con Julio Cortázar (1914-1984) y Edgar Allan Poe (1809-1849). Hemos seleccionado del primero su cuento, ya clásico, "Casa tomada" (1969) y del cuentista estadounidense "La caída de la casa Usher" (1839). Veremos qué tienen en común ambos relatos (más allá del hecho de que la versión elegida del cuento de Poe es la traducción realizada por el propio Cortázar) y qué impresión nos causa su lectura conjunta.

viernes, 6 de julio de 2007

Una nueva socia

Una nueva socia se une a nuestro modesto Club. Bienvenida sea. Espero que disfrute con nosotras de buenos momentos: momentos de lectura, de debate, de reflexión, de risas, de complicidad...
Cuando allá por el mes de febrero iniciamos nuestra travesía eramos sólo 4 las osadas navegantes que nos lanzábamos a esta aventura. Hoy somos 8.
El club crece en todos los sentidos lo que me anima a ser optimista sobre su futuro. Además ¡tenemos tantas cosas por leer...!

jueves, 5 de julio de 2007

El cuento de Navidad de Auggie Wren

Paul Auster en estado puro.

Fragmento de Smoke

He aquí un pequeño fragmento de la película "Smoke" con guión de Paul Auster.

Ya sabéis que no soy ninguna defensora del tabaco pero debo reconocer que, si no hubiera sido por los cigarros, la historia del cine o, mejor dicho, su iconografía habría sido otra muy distinta. El humo de los cigarros es tan importante en algunas películas como la banda sonora.

miércoles, 4 de julio de 2007

Propuestas de reflexión sobre el "Palacio de la luna"

Hemos concluído ya la lectura del "Palacio de la luna", para celebrarlo y para enriquecer de algún modo nuestro contacto con la obra de Paul Auster, hemos decidido ver la película "Smoke", de cuyo guión es autor Auster.
Antes de eso quiero plantear aquí algunos temas para debatir en común o reflexionar en privado. He extraído algunas frases de estudios o artículos sobre otras obras de Paul Auster o sobre el conjunto de su obra y os propongo plantearnos de qué modo están presentes esos temas en nuestro "Palacio de la Luna" y, cuando veamos "Smoke", ver si también Paul Auster ha dejado esas "huellas de estilo" en el guión de esta película.
1º En el artículo "A vueltas con el azar: el retorno de Paul Auster", Daniel Sánchez Peralta afirma:
"La pérdida de un ser querido es un tema recurrente en la obra de Auster y a este hecho le sucede siempre un periodo de desorientación total que lleva a sus protagonistas a dejarse arrastrar por el azar."
Parece evidente que "El Palacio de la Luna" no es ajeno a esta tendencia ¿En qué momentos y de qué modo se manifiesta este tema en esta novela? ¿Cuáles son las pérdidas que experimenta el protagonista?

2º En el mismo artículo se dice:
"La figura paterna existe por ausencia en la obra de Auster y podemos considerarla una de las causas que explican en contadas ocasiones la aparente falta de apoyo familiar de sus personajes."
La importancia de la figura paterna en la novela que nos ocupa es obvia, pero ¿de qué modo la ausencia de esa figura marca al personaje de Marco? ¿Esto determina su carácter y la búsqueda de su propia identidad?

3º Diversos estudiosos señalan la casualidad como elemento narrativo en la obra de Auster. Se dice que es el escritor
"del azar y de la contingencia".
Reflexionemos sobre estos dos temas en "El Palacio de la luna".

4º Más temas recurrentes en Auster y presentes también en "El Palacio de la luna": el viaje, el vagabundeo, el desapego...

5º En función de todo lo anterior y de otras consideraciones que vosotras mismas podáis extraer ¿Cómo describiríais al protagonista de la historia?

6º Qué os parece el estilo de este autor: sus digresiones, historias dentro de otras historias, etc.

Espero vuestros comentarios.

Marua

lunes, 4 de junio de 2007

El arte en el cap. 4º de "El Palacio de la Luna"

Entre las múltiples y ricas referencias culturales que pueblan la literatura de Paul Auster ocupan un lugar destacable las concernientes a la pintura. Ello debe enriquecerse sin duda con las aportaciones de destacados pintores contemporáneos con los que Auster mantiene lazos de amistad. Así es el caso de "El Palacio de la Luna". Auster confesaba en una entrevista en mayo de 1995 (publicada en el "Dossier Paul Auster: la soledad del laberinto" de Gérard de Cortanze) su deuda a este respecto con David Reed:
«Sí. David Reed, un amigo pintor, es la fuente de muchos elementos que aparecen en El Palacio de la Luna. Fue él quien me habló de Blakelock. Es su experiencia como recluta (y no la mía) la que cuento a través del personaje de Fogg. Con él viajé al Oeste, a las montañas del Oeste, a Arizona y Utah, donde vivía... El Palacio de la Luna debe mucho a David Reed.»
Así pues el cuarto capítulo de "El Palacio de la Luna", que en estos momentos estamos leyendo, está plagado de referencias al mundo de la pintura. Es el capítulo en el que se inicia la relación de Fogg con Thomas Effing un viejo paralítico que, en otro tiempo, fue un gran pintor. El mundo de Effing y el relato de su vida que ofrece al joven Fogg están marcados por su condición de pintor. Asimismo el paisaje en que se desarrolla gran parte del relato del pintor es un paisaje también por sí mismo de gran riqueza pictórica.

Veamos pues algunas de estas referencias al arte:

«Había un solo cuadro en la habitación, un grabado grande dentro de un marco negro, que representaba una escena mitológica llena de figuras humanas y de una plétora de detalles arquitectónicos. Más adelante supe que era una reproducción en blanco y negro de una de las tablas de una serie de pinturas de Thomas Cole titulada El curso del imperio, una saga visionaria del esplendor y la decadencia del Nuevo Mundo.»
[Ralph Blakelock. Moonlight]
«Una luna llena perfectamente redonda ocupaba el centro del lienzo -el centro matemático exacto, me pareció- y este pálido disco blanco iluminaba todo lo que había por encima y por debajo de él: el cielo, un lago, un árbol grande con ramas como arañas y las montañas bajas del horizonte. En primer término había dos pequeñas zonas de tierra, separadas por un riachuelo que corría entre las dos. En la margen izquierda se veía una tienda india y una hoguera; parecía haber varias figuras sentadas alrededor del fuego, pero era difícil distinguirlas, eran sólo mínimas sugerencias de formas humanas, unas cinco o seis, enrojecidas por el reflejo de las ascuas de la hoguera; a la derecha del árbol grande, separada de las otras, se veía una solitaria figura a caballo que miraba por encima de la corriente, completamente inmóvil, como perdida en sus pensamientos. El árbol que tenía detrás era unas quince o veinte veces más alto que él y el contraste le hacia parecer enano, insignificante. Él y su caballo no eran más que siluetas, perfiles negros sin profundidad ni individualidad. En la otra margen las cosas eran aún más tenebrosas, casi totalmente sumidas en las sombras. Había unos cuantos árboles pequeños con las mismas ramas como arañas del árbol grande y luego, en la parte inferior, una diminuta mancha de claridad que me pareció podría ser otra figura (tumbada de espaldas, tal vez dormida, tal vez muerta, tal vez contemplando la noche) o tal vez los restos de otra hoguera, no pude llegar a una conclusión. Me entregué de tal modo al estudio de estos oscuros detalles de la parte inferior del cuadro que cuando finalmente levanté la vista para examinar otra vez el cielo, me sorprendió ver lo luminoso que era todo en la mitad superior. Incluso teniendo en cuenta la luna llena, el cielo parecía demasiado visible.»

«-Ralph me dio la idea -dijo-, pero fue Moran quien me convenció de que lo hiciera. El viejo Thomas Moran, con su barba blanca y su sombrero de paja. Vivía en Long Island en aquellos tiempos y pintaba pequeñas acuarelas del estrecho. Dunas y hierbas, las olas y la luz, toda esa faramalla bucólica. Muchos pintores van allí ahora, pero él fue el primero, él inició todo eso. Por eso me puse Thomas cuando me cambié el nombre. En honor suyo...»


[Thomas Moran - Moonlit Seascape 1891]


Marua

viernes, 1 de junio de 2007

¿Que por qué la Luna?

La Luna, Mene, Selene… siempre cambiante, siempre en el tránsito de una fase a la otra, siempre cambiando de lugar y forma, es al mismo tiempo símbolo de tranquilidad, paz y silencio (ese singular silencio que Neil Amstrong contaba haber experimentado al poner su pie por primera vez en la superficie de nuestro satélite); de luz (la luz de la razón) y de misterio (el lado oscuro de la Luna es el del cosmos y el del ser humano).
Ese silencio, esa tranquilidad de la Luna acompañan a Fogg, protagonista de “El Palacio de la Luna” -novela cuya lectura y debate nos ocupan en la actualidad- desde el primer capítulo. En esos primeros momentos de introversión, de ensimismamiento en su propio ser, la luna lo interpela desde las letras de un cartel de neón, como el haz de luz de un faro: es la luz y es el silencio. Es también ese un momento en el que Fogg cae en un dejarse llevar, inerte, por la corriente sin retorno de las circunstancias. La vida es entonces sólo un fluir que le conduce a la autodestrucción. Un fluir que está en la raíz de todo. El cambio es paradójicamente la mayor constante en el cosmos, en nuestras vidas. El propio Fogg nos recuerda en el capítulo 2 a Heráclito, el filósofo griego que defendía que el fundamento de todo está en el cambio incesante, que todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. “Panta réi”, todo fluye.
La causalidad ya no era el oculto demiurgo que gobernaba el universo: abajo era arriba, el último era el primero, el final era el principio. Heráclito había resucitado de su montón de estiércol y lo que tenía que enseñarnos era la más simple de las verdades: la realidad era un yo-yo, el cambio era la única constante.
Así es como Fogg se deja fluir hasta que es salvado, momento en que su vida da un giro completo y se transforma en otra absolutamente distinta.

¿No es ese el mismo proceso de la Luna? ¿No “fluye” continuamente desde la completa luz y blancura hasta la absoluta oscuridad y negritud? ¿No es siempre única pero siempre distinta?
Esta otra cualidad de la vieja Selene acompaña pues al protagonista de esta novela de Paul Auster a partir del momento en que empieza a dejarse llevar por la inercia de los acontecimientos.
Una vez renacido de esa fase, lo vemos sucumbir al amor ¡De nuevo la Luna! De nuevo el símbolo de los enamorados. Selene que enamorada apasionadamente del pastor Endimión, abandona cada noche su trono en el cielo, en el turno que le cede su hermano Helios (el Sol) y a la espera de la llegada de su hermana Eos (la Aurora), e, incumpliendo su deber, baja a la tierra a recostarse dulcemente junto a su amado. Selene, la Luna, eterna compañera e inspiradora de enamorados, presente una vez más en un momento crucial de la vida de Marco Stanley Fogg.
Y de nuevo su vida da un giro, se inicia una nueva fase lunar, una fase que lo lleva a oír la historia de un vagar por un inmenso desierto salado, silencioso, rocoso, rudo, estéril. ¿No es ese un vagar por un territorio que más bien podría decirse de la superficie lunar?


Y aún vamos sólo por el capítulo 4, pero ¿alguien cuestionaría ya el por qué del título de esta novela?

Marua